MANUAL DE INSTRUCCIONES

25 09 2005

(Tomado del blog de Roberto Arancibia)

Asegúrese de leer este manual hasta el final. Aquí nadie se hace responsable si algo sale mal.

Su corazón, en lo posible, debe estar sano, sin trizaduras. Asegúrese especialmente de su potencial lealtad, sin condiciones.

Llene sus días con la total presencia de una mujer. Mientras más hermosa e inalcanzable, mejor. Preocúpese de ella. Mímela hasta en los más pequeños caprichos. Consiéntala, alimente su ego, nutra su vanidad, cumpla sus fantasías. No se le vaya a ocurrir contradecirla, o deberá comenzar todo desde el principio.

Una noche, cualquiera, idealmente de luna, deberá declararle su amor, su devoción, su entrega. Ella, seguramente, hará oídos sordos, se dejará querer, sin comprometerse demasiado. Remítase a abrazarla con pasión y besarla dulcemente. Parece extraño, es cierto, pero acostúmbrese a estas mezclas.

Escríbale, ocúpese, investigue sus gustos, adelántese a sus deseos. Improvise, combine otras técnicas, en esto no hay recetas infalibles.

Todo esto, sin duda, le traerá daños colaterales, los efectos a veces son devastadores. Pero, con fuerza y dedicación, deberá usted seguir adelante.

En un breve período de tiempo, que varía en cada caso, tendrá usted el corazón roto. Se lo garantizamos.

Advertencia final.-

En algunos casos, contados con los dedos de una mano, se enamorarán perdidamente de usted.

Esto significa que ella lee este Manual.

Deberá usted entonces remitirse a cambiar de personaje, dejarse querer, ignorar sus súplicas y finalmente desconocerla.

Hasta la próxima vez que todo comience nuevamente.

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Melancolia Parte 2

2 09 2005

A veces sueña con tu alegría mi melodía,
a veces sueño del aire que nos caemos,
qué es lo que iba a decirte yo…

A veces sueña con tu alegría mi melodía,
en esas noches que escribo sólo pretextos
lo que quiero decirte, amor
es que he sido tan feliz contigo.

Tal vez porque esta noche
no vaya a ser lo que se dice
una noche inolvidable… no por ti
La culpa es mía por fingir que todo me da risa
y que la culpa es de la prisa o es del frío
pero vamos… que yo sé que es culpa mía.

Qué curioso es el silencio…
no sé qué es lo que es,
pero hay algo en nuestras vidas
y en esta noche yo enloquecería
si al amanecer te fueras sin haberte dicho
yo he sido tan feliz contigo.

A ver si sueña con tu alegría mi melodía,
a ver si sueño te agarras que nos caemos
o que ese sueño me apague el sol
si yo no he sido tan feliz contigo.

Yo puedo hacer que traiga la noche
media luna fría,
puedo fingir que no te he visto.
Pensar que yo no soy lo que querías
pero con todo te lo digo:
yo he sido tan feliz contigo
yo he sido tan feliz…

A veces sueña con tu alegría, mi melodía,
a veces sueño del aire que nos caemos,
a veces sueña mi sueño, amor.

A veces sueño que no amanece, que nos perdemos,
y un firmamento de estrellas me da el aliento
que lo oiga el mundo y lo escuche Dios:

Yo he sido tan feliz contigo!!!





Errar es humano, perdonar es ¿Divino?

1 09 2005

Hace tiempo escuché una reflexión que hasta ahora me da vueltas en la cabeza, decía algo así: “…habia alguien que era muy hiriente con los demás, y esto le preocupaba mucho a su padre. Así que para que el hijo se diese cuenta de lo que hacia un día lo llama y le dice que por cada vez que le haga daño a una persona, deberá clavar un clavo en la pared, y a medida que pasó el tiempo la pared se iba llenado de clavos. Hasta que un día el papá le dijo que ahora, por cada vez que hiciera algo bueno por una persona fuera sacando de la pared el clavo que le correspondía a esa persona.

Y así el niño pasaba todos los días frente a esa pared y se daba cuenta de que cada vez le quedaban menos clavos. Hasta que un cierto día miró y vio que ya no le quedaba ningún clavo, y contento fue donde su papá y le dijo que fuera a ver la pared que ya no tenía ningún clavo. El papá lo acompañó, miro la pared y le dijo a su hijo que mirase de nuevo y le dijera lo que veia. El hijo le respondió: “veo las peforaciones de los clavos”. El padre lo mira de vuelta y le dice: “hijo, cada vez que que le hacemos daño a alguien queda un marca como la que deja el clavo en la pared cuando tú lo clavaste, y aunque retires el clavo la marca queda”…”

No escribo esto colocandome desde el punto de vista del que comete el daño o el error, sino desde el punto de vista contrario. Creo que tal como está el mundo hoy se ha perdido la capacidad de dialogar y más importante aun… se ha perdido la capacidad de perdonar. Y haciendo eco del titulo del post, creo que el perdonar no es solamente un acto de Dios – claro sería un acto sólo de Dios asumiendo que es él el que finalmente “juzgará” o examinará nuestra vida y todo lo bueno o malo que hicmos en ella -. Porque una cosa es disculpar a alguien y otra cosa es perdonar, a mi parecer el disculpar requiere un grado menor de compromiso que el perdonar. Porque las disculpas muchas veces son de la boca para afuera y por dentro sigue la marca del clavo.

Pero, el perdonar… el perdonar representa un esfuerzo muchas veces gigante y requiere un grado mayor de compromiso al respecto. Si no perdonamos a quien nos hace daño, como esperamos a que nos perdonen cuando nosotros cometamos el error. Es como esa parabola de la Biblia: cuando iba un deudor a pedirle al rey que le condonará su deuda y esté gentilmente accedio… luego saliendo de la casa del rey se encontró con alguien le debia dinero a él y por más que esta persona le rogó… no le perdonó la deuda. Así cuando el rey se enteró lo mandó llamar y lo reprendió durante, preguntandole por qué pidió la condonación de la deuda, si después no fue capaz de hacer lo mismo con su deudor.

Es cierto que quizás en muchas veces el daño que nos han hecho es grande, otras puede ser una nimiedad. Pero nosotros no somos capaces de perdonar aunque el arrepentimiento sea sincero.

Con esto no quiero dictar catedra de moral ni nada por el estilo, sólo que veamos cómo está nuestra propia pared. ¿Aun seguimos clavando?, ¿ya nos quedan menos o sólo están los agujeros?

Saludos